¿VIVIENDO POR EL MORRO DE LA SOCIEDAD QUE LOS AYUDA?

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Hoy he alucinado con el morro de la gente.

He ido a comprar al Caprabo y en la puerta había un hombre pidiendo una ayuda a quien entraba y salía del centro comercial.

Al salir, el hombre no estaba en la puerta, sino mirando dentro de los carros que la gente deja por si alguien se ha dejado algo en él, y cuando ha visto que no había nada, ha entrado en un pedazo de Audi de los nuevos que lo había venido a recoger y se ha ido entre risas.

Según me han comentado al hablar de esto con otra persona, esto es lo habitual. Este hombre está en este Caprabo y la mujer está en otro de otra población y por lo que se ve, viven de la buena voluntad de la gente que confiando en ayudar a alguien que está pasando un mal momento, le da o bien monedas o bien comida para más tarde marcharse en el coche antes mencionado.

Viendo esto uno se pregunta si esta situación es más habitual de la que uno se cree y que la gente que espera estar ayudando a alguien que lo necesita lo que está haciendo realmente es mantener a un parásito social de esos que no pagan ni un impuesto de esos que sirven para que la sociedad disponga de una serie de derechos y que debido a su situación de no tener trabajo y vivir de la limosna posiblemente tengan la sanidad pagada y, si hay críos de por medio, la enseñanza becada por el estado, no aportando ellos ni un céntimo a la maquinaria que les permite, precisamente, vivir sin trabajar.

Hace dos semanas, en Carrefour de Santa Susana (Barcelona) había en la puerta dos personas también pidiendo caridad a quien buenamente pudiese echarles una mano. Al salir ví a la mujer de hablando por el móvil que os garantizo no era de los antiguos precisamente. Y supongo que esos móviles deben tener su cuota y esas cosas que si no cumples hacen que te corten la línea. O lo que es lo mismo, no sólo comen por la buena voluntad, sino que esta les paga hasta el móvil de los nuevos.

Esa misma situación la vi también en la en la Pl. Urquinaona de Barcelona donde dos personas que parecían “sin techo” reproducían esta misma situación. Iban vestidos con harapos y parecía que se preparaban para pasar la noche en un portal, pero que el móvil no les falte y si es posible, de los nuevos.

Si a eso sumamos el hecho de la numerosa cantidad de pedigüeños que vemos en las ciudades todos con un cartel hecho con una plantilla (¡es que todos son idénticos en casi todo!) y que sólo se diferencian en cuanto al drama que en él explican, a cual peor, uno se pregunta si realmente hay tanta pobreza como parece o si lo que estamos viendo es la materialización del increíble morro de la gente que vive de la caridad de los demás antes que buscar un trabajo o, incluso si lo tuviera, prefiere vivir sin dar palo al agua.

Otro caso que conozco de cerca porque pasa casi cada día por delante de mi tienda es el de aquel hombre corpulento que va en una bicicleta y muchas veces con una barra de pan bajo el brazo, que cuando se cruza con gente mayor se les acerca y les pide unas monedas (por lo general pide un euro tal como a mi alguna ocasión me ha pedido). Cuando esta gente mayor se ve enfrente de una mole como ese hombre, pues sueltan las monedas sin dudarlo, tal como alguna de estas personas me han comentado (“¡es que ves a ese hombre tan enorme pidiéndote monedas y da miedo!”).

Claro que nos podemos preguntar si eso da para vivir, y puedo dar fe de que es así porque cuando tiene “demasiadas” monedas va a las tiendas a pedir que se las cambien por billetes… de 50 euros. Y no sólo una vez sino que puede hacerlo dos o incluso tres veces al día entre el banco y las tiendas que, como suele ser habitual, vamos mal de cambio.

Y si ves a ese hombre te das cuenta que mal alimentado no está precisamente, y ese es el aspecto que hace que la gente mayor se vea asustada y tenga miedo de que si no le da nada, se lo quite.

No nos debe extrañar entonces ver titulares como que La Iglesia aconseja que no se dé limosna a los mendigos que piden en los templos, aunque quien lo criticó ni se preocupó en leer los motivos de este titular.

Entonces uno se pregunta si cuando intentamos ser solidarios lo que realmente estamos haciendo es abonar el hecho de que haya gente sin el más mínimo escrúpulo que vive de la sociedad sin nada a cambio y si por ello tenemos la obligación moral de no dar nada para evitar esta situación a riesgo de que podamos negar la ayuda a quien realmente la necesite.

No hay duda alguna que pobres y gente que vive en la miseria los hay y más con los tiempos que corren, pero llama la atención que haya quien se aproveche de la buena voluntad ajena porque sabemos que la miseria es lo que ablanda corazones por eso de “si algún dia me viera en esa situación, me gustaría que alguien me echara una mano”.

Salut!

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