Sesión fotográfica de retrato

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Quien me conoce de la fotografía sabe que después de probar diferentes estilos (paisajes, macro, alta velocidad, nocturna…) lo que más me atrae es el retrato y el fotoperiodismo, y hoy me apetece hablar del primer estilo: el retrato.

Si bien no dispongo de un estudio de esos de ensueño no me puedo quejar ni un ápice, pues dispongo de un espacio suficiente para colgar un fondo de tela y unos pocos metros cuadrados para poder organizar pequeñas sesiones que sin pretender ser ninguna clase magistral, tiene como objeto hacer las fotos que al cliente le apetecen.

Como iluminación dispongo de dos paraguas y los correspondientes flashes de esos que se conocen como “speedlight” que no son más que los que se ponen encima de la cámara cuando falta luz para hacer la foto, un emisor y los correspondientes receptores. Y con eso ya me espabilo, que uno ya tiene una edad.

Cuando empezamos una sesión, al menos en mi caso, siempre me ocurre lo mismo, que aunque lleve días pensando en lo que haré, cuando empezamos me quedo en blanco y olvido casi por completo todo lo que tenía previsto hacer. Y como lo se, lo primero es tomar un café para romper el hielo y hablar de esas cosas triviales que sin llevar a ningún lado, a veces te dan una información interesante que puedes aplicar en la sesión, como aficiones que pueda tener, películas que le hayan gustado y a las que puedes hacer referencia si buscas una expresión que no llegas a transmitir al modelo. Esos momentos son muy importantes, más de lo que muchos piensan.

Lo ideal sería poder tener una charla más extensa con quien te ha confiado su imagen para ponerla delante de tu cámara y así saber más tanto de esta persona como que ella sepa más de tí, porque no nos engañemos, no es lo mismo ponerte delante de alguien con quien has tenido una charla en la que nos conocemos un poco más que alguien al que sólo has visto cuando te van a hacer la foto. Pero cuando esto no es posible, entonces ese cafetito va de perlas para los dos.

También conviene que la persona que se encargue del maquillaje participe en esa charla por las mismas razones, y es que si tu vas a hacer fotos y no lo vas a tocar para nada, PORQUE COMO FOTÓGRAFO A LOS/LAS MODELOS NO SE LOS/LAS DEBE TOCAR EN NINGÚN MOMENTO, maquillaje le va a aplicar potingues y le va a pintar la cara con cualquier aplicador que sea necesario para conseguir el objetivo.

Las primeras fotos son siempre para ir rompiendo el hielo, por lo que es importante no trabajar con el tiempo justo, sino guardarse un tiempo de margen, cuanto más mejor, por si las cosas no salen bien a la primera. Eso significa que difícilmente conseguiremos que en los primeros disparos consigamos las fotos que nos van a solucionar el reportaje, pero si nos van a facilitar el camino para conseguir esas fotos, y eso a veces es un devorador de tiempo.

Y entre foto y foto al final llegaremos al momento en que las fotos irán encadenadas una detrás de otra, sin darnos cuenta. Y es entonces cuando más disfrutaremos de esa sesión tanto nosotros como quien está posando delante de nuestro objetivo. Es cuestión de paciencia, no querramos hacerlo todo en un momento porque ya se sabe, las prisas nunca han sido buenas consejeras.

Si nos encontramos en una situación en la que nos hemos quedado encallados, en los que no conseguimos hacer las fotos que buscamos, entonces tenemos dos opciones:

– Hacer una interrupción para relajarnos un poco, que sería el equivalente a “que nos de el aire para despejarnos” si estamos trabajando en una oficina

– Dejar la sesión para otro día, especialmente si el modelo son chavalines que preferirían estar jugando que posando, con el importante riesgo de que el modelo prefiera buscarse a otro fotógrafo porque ya no hay esa confianza que podría haber permitido hacer la sesión que se esperaba

 

– Cambiar de entorno y si estábamos haciendo sesión de estudio, tener listas unas fotos de exterior. De este modo cambias totalmente de ambiente y puedes retomar el hilo de la sesión. Luego ya volverás al estudio una vez estemos todos algo más relajados, pero mientras eso no ocurra, cambiar de lugar puede salvar el trabajo.

Una vez terminado queda el trabajo más pesado, que es seleccionar y procesar las fotografías que hayamos hecho para enviárselas al cliente según se acuerde en el contrato que, huelga decirlo, es imprescindible para estos trabajos.

Y lo más importante: que todos nos lo pasemos bien, porque una foto en la que el modelo no se lo pasa bien se nota en los resultados.

Si a alguien le apetece comentar su experiencia en este tipo de trabajos, pues adelante, que cuantos más participemos, más aprenderemos.

Salut!

 

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