Pendiente de un hilo

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Una de las grandezas por no decir la principal de ellas que tiene Internet es que gracias a esta red de redes el conocimiento se ha puesto al alcance de cualquiera de modo que puedes encontrar prácticamente cualquier temática de la que cual te quieras informar o incluso tengas intención de aprender.

Es igual que se trate de algo tan sencillo como hacer una simple suma como algo tan complejo y peligroso como la fabricacación de una bomba atómica.

Por otro lado nos ofrece la posibilidad de saber noticias que de otro modo podrían pasar desapercibidas o sencillamente, no verían la luz porque los grandes poderes evitarían que existiese esa noticia, que aunque cierta, quedaría en el fondo de un cajón que nunca se abriría.

Internet nos permite expresarnos como nos de la gana aunque existan lugares donde la censura no haya desaparecido del todo y se aplique de la forma más extraña, desde que no se pueda ver un pezón hasta que no puedas tratar determinados temas.

Pero hecha la ley, hecha la trampa, y aunque en este caso no hay trampa alguna, sí debe haber intención de saltarse esas limitaciones y para ello tenemos la oportunidad de crear nuestro propio sitio en Internet en el que publicar lo que nos venga en gana.

Y esa es la libertad, poder hacer lo que a uno le plazca sin tener que dar explicaciones a nadie, sin tener que pensar en si lo que decimos va a ser borrado o si lo que nos apetece explicar puede molestar o no a alguien, aunque hay veces en las que se sobrepasa el respeto y es entonces cuando echamos de menos algunas normas.

En la historia habrá la época de la Revolución industrial, la revolución tecnológica y la época actual se deberá conocer como “la revolución libre”, aunque seguramente tendrá un nombre más técnico como “la revolución de internet”. Gracias a estos cambios estamos en una época que ni los relatos de ciencia ficción de hace unas décadas podían imaginar.

Recuerdo cuando me compré mi primer ordenador, allá por 1990, un compañero de trabajo no entendía la razón por la que iba a gastar el dinero en un aparato que en aquellos tiempos era símbolo de empresa, de trabajo, porque era ciertamente extraño ver a alguien con un cacharro de esos en casa. En aquellos años nadie podía pensar que en en poco tiempo que se podría conectar a la linea telefónica para obtener información desde el otro lado del mundo y casi que en tiempo real.

Por aquel entonces lo máximo a lo que se podía aspirar para mostrar lo que hacíamos con el ordenador era disponer de una impresora (mi primera impresora, una Epson Stylus Color 600 me costó el equivalente a 300 euros de hoy en día!) y si ya ibas de avanzado te comprabas un scanner (el mio fue un Mustek que salió tan mal que lo cambié por un Agfa SnapScan con conexión SCSI y me costó si no me falla la memoria unos 350 euros al cambio actual. ¡Y estamos hablando de los años 90!).

Si no era con esos dispositivos lo tenías mal para poder mostrar el uso que dabas al ordenador.

Y así como quien no quiere la cosa nos hemos plantado en estos años en los que cualquier teléfono inteligente (los llamados “smartphones”) ¡tiene más potencia que los ordenadores que lleva la sonda Viking que se lanzó en 1975 para orbitar Marte!, además de geoposicionarnos con una precisión digna de cualquier película de ciencia ficción de los años 60 o permitirnos comunicarnos con cualquier parte del mundo en tiempo real con aplicaciones como Whatsapp, por ejemplo.

Y todo esto fue entrando en nuestras casas poco a poco, sin hacer demasiado ruido y alterando alguna que otra economía familiar, porque un ordenador del momento no bajaba de los 1000 euros actuales y recordemos que hablo de los años 90 ( un buen salario podía ser de 600 euros aunque lo normal podían ser los 400. Yo, en 1987 cobraba 270 euros al mes y en 1990 estaba sobre los 600 gracias a un aumento de sueldo por haberme casado, que sino estaría sobre los 450. osea que ya os podeis imaginar el esfuerzo que requería comprarse un ordenador por aquellos años.

¿Y qué excusa se oía por parte de muchos hombres cuando querían comprar un ordenador y la mujer no lo veía claro?, pues que con eso se podría “controlar la economía familiar”. Si tenemos en cuenta que nadie sabía como funcionaba una hoja de cálculo la excusa suena más ridícula si cabe, aunque en la mayor parte de las ocasiones servía.

Al final el ordenador acababa sirviendo para jugar a cualquiera de esos juegos que cabían en un disquete de 3,5″ de 1,44 Mb si era de doble densidad (para quienes no conocieron los disquetes, pensad que hoy en día un pendrive de 8Gb tiene la capacidad de 5.688 disquetes) y poca cosa más.

Con los años hemos pasado de juegos en 16 colores y gráficos a base de cuadraditos más o menos grandes a imágenes que se pueden confundir perfectamente con la realidad.

Hemos pasado de tener enciclopedias en casa para consultar cualquier duda a tener toda la información del mundo en el teléfono que nos cabe en el bolsillo.

Antes nos comprábamos un mapa de carreteras o una guia urbana para saber por dónde teníamos que ir cuando íbamos de viaje o a cualquier lugar que no conocíamos y ahora el móvil nos da toda la información necesaria para que no nos perdamos.

Cuando éramos niños e íbamos de vacaciones se hacían como mucho tres docenas de fotos que teníamos que pagar para ver lo que salía en ellas y que no siempre era lo que estábamos fotografiando pero aun así acababan en el álbum de las vacaciones que enseñábamos a nuestros amigos, y hoy en día hacemos fotos hasta de la cucaracha que cruza la calle y las vemos al instante sin que nos cueste un céntimo, eso significa que hacemos miles de fotos que seguramente no veremos más en la vida pero que mandamos a todos nuestros contactos para que vean que estamos de juerga.

Cuando buscábamos un trabajo teníamos que hacer cientos de currículums (doy fe de ello) para mandarlos por correo a las empresas que buscaban personal mediante anuncios en la prensa y esperar a que alguien respondiera para una entrevista que nos abriese la puerta a esa nueva etapa de nuestra vida. En la actualidad ni miramos la prensa porque hay bolsas de trabajo en internet en las que buscamos trabajo y ofrecemos servicios. Y sin levantarnos de la silla. Cuando alguien se interesa por nuestra información no tiene más que navegar por las redes sociales para hacerse una idea de qué tipo de persona somos, lo que puede hacer que nos desestimen sin ni tan solo cononcernos o al contrario, despertar interés a quien nos puede ofrecer ese empleo.

Y todo esto lo tenemos en la palma de la mano gracias a que una cantidad ingente de personas han dedicado su tiempo y su esfuerzo para que, poco a poco, nuestra vida sea más fácil, nuestras amistades más accesibles,…

¿Y qué dependencia nos ha traído todo ese avance tecnológico?. Pues que el día en que no haya electricidad volveremos al siglo XIX donde la energía procedía del carbón y el transporte iba por tracción animal o máquinas de vapor, con la salvedad de que en aquellos años el conocimiento estaba en los libros y ahora lo tenemos en una nube a la que sin electricidad dejarían de existir.

O lo que es lo mismo, nuestra sociedad, esta que tanto nos gusta y que tanto disfrutamos, depende de un hilo…. eléctrico.

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