MÁQUINAS QUE FABRIQUEN MÁQUINAS… Y PARADOS

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Hace ya unos años, estudiando marketing el profesor nos explicaba las ventajas de la evolución tecnológica en el mundo comercial: máquinas expendedoras de tabaco que con el tiempo ofrecen desde tintas de impresora hasta condones, desde un refresco hasta bocadillos cuyo aspecto es mejor que su sabor.

Comentó igualmente el hecho de que las gasolineras se viesen atendidas por los propios clientes, enfocándolo como un gran logro para el trabajador, pues siendo el propio conductor quien se suministre el combustible, el empleado dispondrá de más tiempo libre.

Recuerdo que durante la clase levanté la mano para rebatir, dentro de mis modestos conocimientos comerciales frente a los suyos, el hecho de que la substitución de la mano de obra humana por las nuevas tecnologías la sociedad iría soportando cada vez mayor paro a favor de la tecnología.

Su respuesta fue directa: “eso no puede ocurrir porque esas máquinas necesitarán de quien las fabrique y de quien las mantenga”. No lo vi nada claro y se lo dije pero como alumno que está ahí para aprender, mi argumentación quedó en el punto de inicio de un debate sobre el asunto y preferí abandonar antes de perder una clase en algo que no parecía interesar al resto de mis compañeros, aunque su respuesta me pareció bastante absurda la verdad.

Era allá a principios de los años 90, y ahora en 2016 creo que la partida se decanta a mi favor.

Cada día vemos cómo la mano de obra se substituye por mano mecánica. Y ya no por conceptos de productividad, sino con el objetivo de beneficios y quitándose de encima el factor humano que toda empresa debería tener.

En el caso anteriormente puesto como ejemplo de las gasolineras en las que el conductor se sirve su propio combustible puede parecer que el factor humano no ha cambiado, pero no es así. Si antes era una persona quien llenaba el depósito y nos cobraba con esos monederos de cuero envejecido por los años colgados de la cintura, ahora ese monedero ha sido cambiado por un lector de tarjetas de crédito que no se equivoca ni en lo que cobra ni en el cambio. Y una vez cobrado por adelantado lo que queremos cargar, somos nosotros quienes quitando el trabajo al empleado de la gasolinera, nos llenamos el depósito haga frio o calor, llueva o haga viento. Y esa evolución se ha traducido en menos empleados y más máquinas.

Últimamente en los centros comerciales hay cajas en las que es el propio usuario quien se cobra, pasando los productos por el scanner y pagando con tarjeta. Y lo que antes ocupaba en Ikea una o dos cajas de cobro con el correspondiente personal, se está transformando en unos puntos de control en los que el cliente es quien se encarga de hacer ese trabajo. Como mucho puede encontrar una o dos personas pendientes de si tienes algún problema con el sistema… y por si no pasas algo por el scanner, claro.

Pero en cuanto esto esté normalizado, poco a poco veremos cómo esas cajeras que nos atendían dejan de estar ahí para engrosar las listas del paro porque habrán sido substituidas por cobradores automáticos que nosotros mismos pondremos en marcha.

Alguno pensará “mejor, porque esas cajeras eran muy antipáticas y muy lentas”, pero habrá dejado de tratar con personas para hacerlo con una máquina que, algún día, puede substituirle a él en su trabajo y de este modo sus clientes o compañeros quizá se libren de alguien “lento y antipático” en su empresa.

Recuerdo cuando era pequeño que cuando pasábamos por la autopista podíamos elegir entre pagar con las monedas que mi padre lanzaba con admirable acierto sin parar el coche en un cesto que contaba las monedas y si era correcto, levantaba la barrera. Me hacía gracia esa modernidad, pero eso ha evolucionado tecnológicamente hasta hacer que ni tan solo podamos pagar con monedas si no es por el peaje manual que, poco a poco, se irán substituyendo por los famosos “teletac” que mandarán al paro a un ejército de abnegados cobradores de peaje. Una cosa sería que estos empleados perdiesen su empleo por la conversión de las autopistas a vías gratuítas, pero ver este cambio porque los de arriba quieren seguir cobrando lo mismo pero sin pagar un sueldo al cobrador demuestra la avaricia de quienes van implantando estos cambios.

Y hoy le toca a los bancos. Hace ya unos meses o quizá años que vamos leyendo noticias en las que los bancos van cerrando oficinas, ya sea porque se han fusionado dos entidades y es absurdo disponer de dos oficinas juntas que antes eran competencia y ahora son la misma empresa, o porque consideran que el factor humano en la banca no es necesario salvo en los consejos de administración y el empleado que prepara el café.

Cuando yo era pequeño los bancos abrían por la mañana de lunes a viernes y tarde, y los sábados por la mañana, pero con la aparición de los cajeros automáticos nos cambiaron el concepto de que si necesitábamos dinero había un horario comercial de la Entidad para poder disponer de ese dinero las 24 horas del día.

Pero lo que se nos mostraba como un avance de comodidad para disponer de nuestro dinero se ha ido convirtiendo poco a poco en una dictadura inhumana en la que si antes éramos números para los bancos, ahora somos esos mismos números pero con ceros a la izquierda.

Pasaron de abrir los sábados a abrir de lunes a viernes para, poco más tarde, cerrar todas las tardes de la semana (había alguna entidad que abría los jueves por la tarde pero no todas) porque podíamos disponer de nuestro dinero las 24 horas desde cualquier cajero automático.

Y en la actualidad esa tecnificación de la banca se plantea ir cerrando oficinas y prescindiendo de personal para ir transfiriendo su sistema a la banca digital en la que desaparecen absolutamente todas las relaciones humanas que podías tener con el director de tu oficina o con quien te atendía en la ventanilla. Con el tiempo esas nuevas tecnologías harán imposible que se retrase el pago de un recibo porque estamos pendientes de cobrar un importe. Y esas nuevas tecnologías, tarde o temprano, acabarán también con el trabajo de muchos de los que están leyendo este post en pro del aumento de beneficios de quienes dirigen las empresas a costa de substituir esos empleados que se ponen enfermos, que llegan tarde, que se toman un café a media mañana o que incluso se atreven a sonreir cuando alguien les dice “buenos días”.

Claro que siemrpe habrá quien trabaje en las fábricas de estas máquinas cuya demanda irá en aumento y que necesitarán el mantenimiento que corresponde a todas las máquinas… hasta que se construyan máquinas que fabriquen máquinas.

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