LAS ELECCIONES DEL «Y TÚ MÁS» (como siempre)

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Últimamente estoy viendo por las redes sociales muchos cortes de vídeos de los diferentes debates electorales donde siempre aparece el “zasca” de turno.

Está claro que esos debates son inútiles, pues como reconoció un político después de las elecciones andaluzas donde prometen lo imposible diciendo que “Eso es un lenguaje, una forma de expresarse durante una campaña electoral”, así, sin despeinarse y sin que nadie tome medidas sobre el asunto.

En todos los debates, de un modo u otro, aparece el tema de Cataluña, de ETA, de los “pro-etarras” y otros “argumentos” que se basan en algo tan antiguo como el miedo, el cual tiene más poder que cualquier promesa. Cuando alguien necesita del miedo para convencerte, poca razón tendrá para que puedas confiar en él.

Ya no hay esos debates donde se proponían soluciones a los problemas que sufría el pueblo, sino que esas discusiones televisadas no pasan de patio de recreo donde gente que cobra un pastizal sólo sabe decir eso de “y tú más” como respuesta a una acusación.

El país no necesita esa gentuza para gobernar, sino estadistas, gente que no tenga la esperanza en perpetuarse en la poltrona hasta los 8 años que es el máximo que marca la ley. Necesita estadistas que piensen no en las próximas elecciones sino en las próximas generaciones.

Todos los que publican vídeos en las redes sociales para desprestigiar al oponente político caen en el tan conocido como peligroso “sesgo de confirmación” donde uno da por bueno lo que encaja con sus ideales o deseos y no pone en duda que quizá le estén tomando el pelo con esa “forma de expresarse durante una campaña electoral”.

Todos, absolutamente todos los debates están sirviendo para demostrar que no hay político en España que merezca ocupar un puesto de tantísima responsabilidad donde se gobierna el futuro de los ciudadanos y se maneja tantísimo dinero que escapa al control de los votantes.

Todos los que siguen a los correspondientes partidos políticos aplauden como si no hubiera un mañana cuando culpan a Cataluña de sus males en lugar de pensar en qué ha hecho mal el político que está al cargo de su pueblo, de su ciudad, de su comunidad autónoma. Que Cataluña está muy lejos como para ser la responsable de las desgracias de un mal gobernante como hemos tenido estos últimos años.

No caen en el hecho de que culpar al vecino de las desgracias propias no es más que un síntoma de ineptitud para el cargo que se ocupa.

Culpar a Cataluña de las malas finanzas del Estado por querer administrar su dinero es tan absurdo como culpara a Madrid de las penurias económicas de Cataluña. Ya lo dijo Manuela Carmena cuando redujo el déficit del Ayuntamiento de Madrid: “no robar, ayuda”. Y eso debería estar en la cabeza de quien realmente quiera llegar a mandar, ya sea desde la comunidad de vecinos como el Gobierno de la nación.

Tanto en Cataluña como en el resto de España el problema económico es común: los ladrones que van a la oficina, esos que se sientan en los ayuntamientos y dan un pellizco aquí, a la vez que el de la capital da otro pellizco allá junto con su equipo, quien sigue dando bocaditos disimuladamente a los presupuestos ya sea con comisiones como con favores que pagamos los de a pie.

Mientras los políticos basen sus soluciones con someter al vecino, mal vamos. No puedes pretender solucionar los problemas de Cataluña aplicando un 155 que es inconstitucional cómo lo quieren aplicar. Y no parece que el futuro gobierno esté por la labor de buscar una solución dialogada, sino impuesta por sus cojones.

Y los independentistas creen que la independencia de Cataluña traerá una solución a sus problemas, cuando ha sido necesario cambiar no sé cuántas veces el nombre del partido político más importante de aquellos años, CiU, por otros nombres que hagan desaparecer del recordatorio público los casos de corrupción, pero los casos están ahí con encarcelados unos y en libertad otros.

Por supuesto, a eso añadimos que ni entre los partidos independentistas son capaces de ir a una, lo que ya deja entrever que en caso de independencia, la lucha por la poltrona del mandamás será encarnizada. Y si ni entre ellos se ponen de acuerdo en el objetivo común, ¿no es una prueba de que hay mucha pasta en juego? Sinceramente, esta es la sensación que me da.

Si se consigue la independencia, cosa que dudo sea al menos en breve, los casos de corrupción estarán ahí y tendrán que pasar por el banquillo y, si se declaran culpables a los acusados, tendrán que pasar por la trena todos los años que les caigan, no como Oriol Pujol, que en menos de 2 meses está con el tercer grado por buena conducta aun habiendo sido condenado a más de 2 años de cárcel. Vergonzoso y más aun cuando eso lo ha decidido la Generalitat. ¿Qué estamos tontos o qué?

Es lógico que la fiscalía haya recurrido esa decisión por verlo como trato privilegiado. ¿Es esa la justicia que queremos cuando la Generalitat la libertad a un ladrón de dinero público? Mal vamos, aunque cabe decir que, a diferencia de otros lugares de España donde al ladrón se le aplaude al salir de la cárcel aunque sea una tonadillera, aquí la familia Pujol se encuentra con un vacío social que no he visto en otros casos.

Pero no nos creamos que sólo Cataluña tiene políticos corruptos. En toda España hay corrupción política, y esos casos parece que se olvidan cuando tenemos que depositar nuestra papeleta en las urnas.

No se trata de “y tú más” que vemos en los medios, sino de saber si realmente lo que nos ofrecen en los debates políticos son lo que realmente nos interesa, si son las soluciones que nos ayudarán a poner la comida en la mesa y pagar las facturas.

No podemos permitir una política que para beneficiar a unos perjudique a otros.

Es imperdonable que para conseguir un voto se use el miedo, pero peor aun es quien crea en ellos, les de la razón y su voto. En estos casos, el político habrá ganado, pero el votante habrá perdido porque si vota por miedo, será el más fácilmente manipulable. En cuanto le digan “que viene el coco” hará lo que le pidan.

Recordemos que el lenguaje político que usan en campaña es embaucador tal como han reconocido públicamente. Un lenguaje que os cegará para que pongáis vuestro voto a su nombre, ese voto que les garantizará que al menos durante 4 años les paguéis el sueldo de vuestros impuestos, 4 años durante los cuales pueden seguir robando y acusando al vecino de que las cosas van mal y olvidando lo que dijo Carmena que “no robar, ayuda” a superar una crisis, a volver a tener las arcas del Estado en condiciones.

Ya lo dijo Quevedo: Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir.

Y no recuerdo quien dijo “no te fies de las promesas de quien tenga prisa por echarte un polvo o entrar en el baño”, y en esta campaña parece que muchos nos quieren echar un polvo.

Salut!

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