La “Ley Mordaza” o la patente de corso cuando interesa

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LEY MORDAZAYa hace unos meses que se aprobó esa ley que nos lleva al oscurantismo informativo, aquella época en la que no se podía opinar de nada que pudiese perjudicar a la imagen del Estado y de sus colaboradores, asemejándonos a esos años de la República en la que, con la Ley de la Defensa de la República se prohibía y sancionaba cualquier acto que se considerara perjudicial para el Estado, acciones entra las que se contemplaba “la apología del régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su representación, y el uso de emblemas, insignias o distintivos alusivos a uno u otra; la suspensión o cesación de industrias o labores de cualquier clase, sin justificación bastante; las huelgas no anunciadas con ocho días de anticipación, si no tienen otro plazo marcado en la ley especial; las declaradas por motivos que no se relacionen con las condiciones de trabajo y las que no se sometan a un procedimiento de arbitraje o conciliación; la alteración injustificada del precio de las cosas, y la falta de celo y la negligencia de los funcionarios públicos en el desempeño de sus servicios”.

Y con estas nos plantamos en nuestra querida democracia en la que, haciendo gala de sus ansiasde progreso y de su saber hacer, crean una Ley similar, la llamada “Ley Mordaza” en la que “el uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales de autoridades o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que pueda poner en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes, de las instalaciones protegidas o en riesgo el éxito de una operación, con respeto fundamental al derecho a la información”, es decir, que si ves a un miembro de las FyCSE y le haces una foto te puede caer una broma de entre los 300 y los 30.000 euros. Así, como quien no quiere la cosa.

Pero, porque siempre hay un pero, eso te cae en caso de publicitar la imagen o hacer uso de ella para actos “que pongan en peligro la seguridad personal o familiar de los agentes, de las instalaciones protegidas o en riesgo el éxito de una operación, con respeto fundamental al derecho a la información” o lo que es lo mismo, que puedes hacer la foto y alegar que es para tu uso privado, porque te gusta hacer esas fotos o lo que te de la gana mientras no la muestres públicamente ni la utilices para lo anteriormente citado.

Y es aquí donde la fotografía pasará a formar parte de una especie no en extinción, sí influirá en los fotógrafos a la hora de ejercer su trabajo. ¿De qué le va a servir tomar una fotografía en la que se ve un coche policial mal aparcado si no la puede publicar si no es pasando por caja?, ¿Cómo va a poder denunciar una mala praxis policial si la foto que ha hecho tiene que quedar en el cajón porque considerarían que puede poner en peligro la seguridad personal…. etc.?

Y eso no sólo a los periodistas, sino también al ciudadano de a pie, tal como le ha ocurrido a una vecina de Petrel a la que le han caido 800 euracos de multa por denunciar que un coche policial estaba estacionado en una zona de minusválidos. Y ya no es porque ponga en peligro nada ni cosas por el estilo, sino que consideran que esa fotografía vulnera la honorabilidad de los policías (“El edil justifica así que ante la publicación de la imagen los policías se sintieran atacados en su honor y decidieran denunciar”). Sinceramente, manda cojones. Pues si son ellos quienes deben dar ejemplo y no lo hacen no es el ciudadano quien ataca al honor de la policía, sino que es el propio policía quien parece habérselo dejado en casa. Leñe, que estás representando a un cuerpo que está bajo la lupa de la ciudadanía, no fastidies.

Seguramente si la fotógrafa hubiese publicado la fotografía desde el anonimato no habría pasado nada y la fotografía habría corrido como la pólvora por las redes sociales y a los policías ofendidos les habrían sacado los colores, el rojo de vergüenza y el amarillo de la ira por no poder descargar su “defensa de su honor” sobre nadie.

Pero en caso de ser un fotoperiodista que firma sus fotografías…. habría acabado en el cajón para evitar recordar el año 1931… y el 2015.

Salut!

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