GALIZA NO SE QUEMA, LA QUEMAN

Quizá porque soy medio gallego pues mi padre nació en Caldas de Reis (Pontevedra), quizá porque es una parte de España tan maravillosa como cualquiera de nuestros rincones, quizá porque esas gentes no merecen lo que les está pasando, me duele su situación.

No hace tanto había una ley que prohibía que el bosque que hubiese sufrido un incendio se pudiese utilizar para operaciones urbanísticas (Modificación Ley de Montes), lo que reducía los incendios provocados y se limitaban a los fortuitos, esos que ocurren porque un descerebrado tira una colilla por la ventanilla del coche sin darse cuenta de la salvajada que ha hecho, o esos que suceden por la caída de un rayo, por ejemplo.

Pero este gobierno que tenemos y que va sacando mayorías absolutas aprovechándose del populismo de la mentira que medra en los cerebros de quienes no piensan al votar derogó esa ley aprovechándose de su dictatorial mayoría absoluta.

Y desde esa derogación los incendios han aumentado vertiginosamente. ¿Casualidad?, no lo creo. Sería demasiada casualidad ver como justo después de abolir esa ley el fuego se traga día sí y día también nuestros bosques ante la mirada indiferente de quienes sacarán un provecho de tal desgracia que a nuestras espaldas se frotarán las manos.

Cuando se incendia un bosque, con él muere algo de nuestro corazón.

Mueren árboles, animales, ríos,… y personas.

Personas que mueren abrasadas o asfixiadas por la avaricia de unos pocos que quieren sacar al monte un beneficio que nunca alcanzará lo que nos regala en su frescura.

Pero también mueren en vida personas que ven cómo su casa, su monte, su vida, desaparece ante sus ojos, donde se ve el reflejo del rojo fuego que devora sin piedad lo que la naturaleza nos regala a cambio de que tan solo la respetemos.

Ese fuego que se traga casas que se tendrán que reconstruir en beneficio de los de siempre y perjuicio de gente trabajadora que ve cómo tendrán que empezar de cero.

Esas personas tendrán un antes y un después de ese incendio que arrasó con parte de sus recuerdos, de sus vidas.

Tuvieron un monte que les daba vida, que les ofrecía lo que sólo la naturaleza en su infinita generosidad nos brinda.

Pero la avaricia de quienes dicen gobernarnos pudo con la bondad de la naturaleza y el esfuerzo de las personas. Quieren cambiar el verde de los bosques por el gris del cemento y si para ello tiene que caer algún desconocido, pues que caiga. Total, no es de los suyos y a eso lo llaman para su adentros “daños colaterales”. Curioso eufemismo.

Para ellos no importa que el bosque sea vida. No les importa ni el futuro que puedan tener sus hijos ni sus nietos porque se saben seguros de que la Justicia no les alcanzará. Total, ellos la controlan. Y si algo sale mal, ya se lo afinará alguien para que sea lo menos mal posible.

Menos les importa aun quienes sufren esa desgracia de ver cómo sus bosques y sus casas se reducen a ceniza

Y por el camino, Galiza no se quema, la queman. Ante la mirada impasible de quienes ven que el paso del verde bosque al rojo fuego, les seguirá con el beneplácito del Gobierno, el gris cemento que tanto ansían y que destruye lo que tiene a su alrededor.

Hoy es Galiza, pero mañana puede ser cualquiera de nuestros bosques cercanos.

¿Y sabéis lo peor de todo?, que en las próximas elecciones, nadie lo recordará y volverán a salir con otra mayoría absoluta.

Aun así, hoy todos somos Galiza.

Dejar una opinión