ESTAMOS A PUNTO DE PERDERLO TODO

Y no me refiero a que si no se tiene la independencia se pierde todo o que si se logra, también, sino el camino que parece abrirse para conseguir lo que cualquiera de los dos quiera.

Hemos llegado a un punto de no retorno en el que buena parte del pueblo catalán ha expresado su voluntad de independencia de España en un referendum que, fuese o no ilegal, casi todos los que querían seguir formando parte de España se quedaron en sus casas con la esperanza de que la cosa quedara en nada o, en el peor de los casos, el Gobierno pusiera la solución sobre la mesa. Y no ha sido así.

El resultado acaparador del SÍ a la independencia da luz verde a muchos sueños que si bien han pensado en lo que quieren, quizá no han pensado en cómo lograrlo, o quizá sí pero sólo en teoría. La realidad a veces nos pone los pies en el suelo de una forma un tanto brusca.

Si se negocia todo puede salir bien, y ese sería el deseo de todos nosotros, tanto de un lado como del otro, pues negociando se avanza mucho más que por la violencia.

Pero creo que se han esfumado muchas esperanzas en las últimas horas.

Hemos visto la agresividad policial frente a gente pacífica y desarmada. En lugar de detener a los posibles violentos, cargaron contra todo bicho viviente, como si al gobierno le interesase un conflicto que escalase a mayores, pues se saben con la superioridad necesaria para dar miedo por más que se haya desprestigiado siempre a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado ridiculizándolas siempre que ha habido ocasión.

Esa violencia no sólo no ha conseguido parar el referendum que dicen que no se ha producido, sino que ha incrementado el odio que se ha ido guardando en cada ataque a Cataluña desde los mass media que mentían más que hablaban. Personalmente he oído verdaderas barbaridades que aseguraban ser ciertas porque lo oyeron, porque se lo dijeron o porque se lo creyeron y por un caso lo extrapolaban a toda la sociedad catalana.

Se vendió a España una inexistente persecución del castellano por el simple hecho de que en los comercios se obligaba a rotular, al menos, en catalán. Si sólo lo hacías en castellano te sancionaban igual que si lo hacías en inglés, en francés o en cualquier otro idioma. Pero los medios conocidos como “la caverna mediática” extrapolaban la situación inventándose una realidad inexistente. Y lo peor es que quienes los escuchaban, les creían.

Se inventaron que si no hablas catalán en las tiendas pasan de tí, y no es cierto. Sólo hay, que yo sepa, un comercio en toda Cataluña donde no te atienden si no hablas en catalán. No importa si lo intentas en cualquier otro idioma, sólo responden al catalán, y quien ha sufrido esa indiferencia a otros idiomas lo extrapola a casi todo el territorio, y eso es absolutamente falso. Tengo amigos de toda España que pueden dar fe de que eso es falso. Aquí no hay problema alguno con el idioma, pero los medios hacen creer a la gente que sí, que lo hay. Y los oyentes no piensan, sencillamente se tragan cualquier mentira que se ajuste a sus ideales que, en este caso, parece que son que Cataluña es el enemigo a batir igual que aquí hay quien considera que ese enemigo es todo lo que rezume a español.

Y tantas otras barbaridades que se han vendido que hemos llegado a un punto en el que el odio se ha cimentado en la mentira con alguna intención que no alcanzo a entender, o quizá me niego a creer.

Los medios han manipulado la información tanto de un lado como de otro, la máquina propagandística no cesa y nosotros, en la vorágine del calentón del momento, nos lo tragamos como gominolas en una fiesta.

Y ahora ya no sabemos distinguir entre la verdad y la mentira, entre lo que nos conviene de verdad y los intereses ajenos, porque son estos los que nos han traído hasta aquí, no lo olvidemos.

Estamos en una situación muy jodida que sólo se puede arreglar con la intervención de la UE o de la ONU para evitar males mayores, porque si alguien no lo para, esto podría ser el principio de una guerra civil que parece que a alguien le interesa esta situación.

Muchos dirán que si para la independencia se tiene que ir a la guerra, pues se va a la guerra, pero quienes dicen eso no saben lo que es un conflicto armado. Lo que hemos visto este fin de semana sí que es una broma si llegamos a las armas. Les recomiendo ver algunos documentales sobre la guerra de los Balcanes, porque muchísimos de los que lucharon o no en esa guerra, no llegaron al final y muchos otros, llegaron tullidos de por vida.

Los que no han vivido la guerra más que en el cine creen que ellos son “el chico” y que nunca les pasará nada, que quienes morirán o sufrirán las consecuencias de la guerra son los otros, que ellos son inmortales. Y eso no es así. Todo el mundo muere excepto quienes desde arriba nos mandan a luchar.

Pero no piensan que no están solos, que esa ansia de lograr los objetivos que merecen el derramamiento de sangre puede ser que esta sea de sus amigos, de padres, hijos, hermanos…. o de ellos mismos.

En una guerra pierden todos y sólo ganan los vendedores de armas y municiones y quienes después del conflicto consiguen quedarse con el país gracias a la reconstrucción que se tiene que hacer, porque todo acaba destruido.

Si ganan esa guerra y siguen vivos, no serán las mismas personas que hoy para disfrutar de esa victoria. Habrán vivido la barbarie y quizá hayan tenido que asesinar a alguien que conocían de antes pero que ahora, por la política, pasó a ser su enemigo. O quizá hayan tenido que matar a desconocidos por el simple hecho de no tener los mismos ideales.

Serán personas traumatizadas, que no entenderán porqué llegaron a las armas lo que se debía haber arreglado en las reuniones. No serán los mismos, serán gente triste que no podrá disfrutar esa amarga victoria de la muerte alrededor, de ver cómo perdían a amigos, familiares e incluso la esperanza de vivir.

Y si pierden, la pesadilla será infinita.

Ninguna causa vale la vida de nadie. Si tenemos que llegar a las manos, mejor sentémonos porque en la guerra todos perdemos y en las mesas siempre podemos ganar los dos.

A todos aquellos que están dispuestos a ir a una guerra para defender sus ideales, les pido que se imaginen la muerte de sus seres queridos en esa guerra por unos ideales que, no nos engañemos, podrían estar equivocados.

Diálogo, siempre diálogo, el que haga falta, pero nunca llegar a la violencia porque parece que nos estamos acercando a ese punto. Ahí perdemos todos, absolutamente todos.

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