ESCOCIA: UN PAÍS PARA VISITAR

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Esta pasada semana santa tuve la suerte de poder visitar Escocia, un país verde en el que llueve hasta debajo de los puentes y con unos prados fantásticos en los que tanto las vacas como las ovejas son más felices que un niño chapoteando en un charco.

Castillo de Edimburgo
Castillo de Edimburgo en un día sorprendentemente soleado
Casas en Edimburgo
Casas en Edimburgo

Nos hospedamos en un hotel Ibis situado en el centro de Edimburgo, y si bien no podemos decir que sea el paradigma de las comodidades, para dormir y tener un baño y ducha limpios ya tenemos más que suficiente. Y si encima está en el centro de Edimburgo ya no puedes pedir casi que nada más (bueno, quizá una mejor carta para cenar, pero es que la cocina inglesa es algo así como bastante mala).

Edimburgo me llamó la atención por la homogeneidad en las construcciones de su casco antiguo (conocido como “ciudad vieja”) y la razón  de esa homogeneidad es que está considerada como Patrimonio de la Humanidad, lo que impide que se hagan barbaridades arquitectónicas como suele ocurrir en muchas otras ciudades.
Estuvimos principalmente por el centro de la ciudad, junto a la calle Hight Street, la cual te lleva de cabeza al castillo cuya visita merece dedicarle unas cuantas horas. Es un museo dedicado a la historia bélica de la ciudad y de toda Escocia.

El castillo está en perfecto estado de conservación y te puedes dar un buen paseo por sus distintos edificios donde puedes hacer fotos sin problema excepto en el memorial a las víctimas de la guerra, donde ya avisan que no puedes ni hacer fotos ni usar el móvil. Y esa gente lo suele controlar muy de cerca, por lo que no merece la pena contradecir sus normas. Si no estás de acuerdo, pues no entres.

ESCOCIA- Homeless
Homeless

En cuanto a los héroes antes indicados no nos debe extrañar encontrar estatuas dedicadas a sus héroes de guerra, pues dieron su vida por defender los ideales del país, principalmente contra los ingleses pues no parece que se lleven demasiado bien con ellos hasta el extremo de que la universidad en Escocia es gratuita… excepto para los ingleses. Estos tienen que pagar.

Lo primero que vi cuando llegué a la ciudad con el transporte público desde el areopuerto (utilizamos el tranvía), es que había bastante gente sin hogar en la calle, metidos dentro de sacos de dormir para combatir el frio y la humedad que acompaña a todas horas.

En un corto espacio de calle podías ver tres, cuatro, cinco… “homeless”, lo que demuestra que no sólo en España tenemos pobreza, con el agravante de que en Escocia el frio y la lluvia son constantes la mayor parte del año, aunque los cuatro días que estuvimos nos llovió relativamente poco.

Edimburgo es una ciudad en la que el transporte con bicicleta parece estar muy a la orden del día, pues mientras estaba esperando en la acera a que terminaran las compras (debo reconocer que odio ir de compras) vi muchísima gente en bicicleta entre los coches, tranvías y aubobuses, conviviendo de la forma más pacífica posible. Los ciclistas esperaban su turno en los semáforos, los vehículos a motor eran conscientes de su presencia… algo bastante distinto a lo que vemos en Barcelona, donde los semáforos parecen no existir para las dos ruedas y los coches parecen competir a veces con los ciclistas por ver quien la lia más parda.

ESCOCIA- Homeless
Homeless

Aun con un clima tan lluvioso, la gente sale a la calle y podemos diferenciarnos los turistas de los escoceses en que los primeros buscamos refugio de la lluvia si no llevamos paraguas o ropa impermeable, a menos que llueva de forma importante, los escoceses esas cosas se las toman con más calma. Nosotros íbamos bajo el paraguas o con la capucha del anorak puesta mientras el guía español que ya llevaba ahí un año y medio casi que ni notaba la lluvia, cosa que pudimos ver en otros escoceses. Nosotros bajo el paraguas y ellos sólo llevaban las manos en los bolsillos como si no lloviera.

La gastronomía escocesa, como la británica en general, no destaca precisamente por su buen paladar, aunque para ellos debe ser excelente, claro. Encontramos lugares donde no estaba nada mal comer teniendo en cuenta dónde nos encontrábamos, pero no nos engañemos, por lo que nos costaba ahí un almuerzo para tres, en España comes mil veces mejor por el mismo precio (ahí un almuerzo “típico” de las 38 libras no bajaba – casi 50 euros al cambio actual- más la propina que suele ser “voluntaria” del 10% de la minuta. Y ese almuerzo es una pinta “568Ml de cerveza de lo que aquí sería una xibeca, vamos) un plato y sin postres). Y el día que había postres pues te plantabas en las 50 libras, así como si nada.

Tienen un plato típico llamado “haggies” (o como se escriba) que es una mezcla de carnes embutidas con un montón de especias que casi no dejan saber qué carne estás comiendo. Como unos meses antes me trajeron un haggies de estos de un viaje y al comerlo terminé casi hospitalizado con una gastroenteritis que me duró una semana, sólo probé un bocado de esa especialidad para ver si tenía el mismo sabor que el que me trajeron y era idéntico, por lo que dudo que estuviera mal, sino sencillamente que me eso debe ser para tripas blindadas.

Otro plato típico británico es el “fish and chips” o lo que es lo mismo, patatas fritas y pesacado rebozado. Como no soy muy de pescado no lo probé, pero mi mujer sí lo hizo y le quedó claro que no era plato para repetir.

Total, que ante la duda gastronómica, la solución en país extranjero es la de todo el mundo: ir a una pizzería, cosa que obviamente hicimos en tres ocasiones.

¿Dónde comimos bien teniendo en cuenta su gastronomía?
– Amber (en “the scotch whisky experience – 55°56’55.9″N 3°11’44.3″W)
– The words end (55°57’01.9″N 3°11’03.6″W)
– Pizza express (55°56’55.5″N 3°11’32.8″W y 55°56’6″ N 3°6’18” W)
– Hotel Ibis (55°56’58.8″N 3°11’16.3″W)
– Bella Italia (pizzeria – 55°57’00.6″N 3°11’16.0″W -)
– Gennaro (pizzeria – 55°56’51.7″N 3°11’44.6″W -)

¿Donde no volvemos ni invitados?
– The royal mile tavern (la mesa estaba pegajosa y la comida… pues eso, para no repetir – 55°57’01.5″N 3°11’12.3″W -)
– The scottish Wool Center (en Aberfoyle. Malo, lentíiiiisimo y caro en “calidad / precio”- 56°10’39.4″N 4°22’54.4″W -)

Y me ha dado por poner las coordenadas por si a alguien le apetece localizarlos por google maps.

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Pequeñísima muestra de la cantidad de productores de whisky que hay en Escocia.

Sin duda alguna, los escoceses no deben tener sangre en las venas, sino whisky, y no tienen grupo sanguíneo, sino años de vena como si de barricas se tratara.

Nunca hubiese pensado que podía haber tantos y tantos whiskys diferentes y a precios que un piensa que ha visto mal. Acostumbrados a  ver por aquí glenfiddich, cardhu, chivas y cosas de esas que van de los 15 a los 25 euros, cuando uno ve botellas de whisky a 2999 libras esterlinas (3898 euros, duro arriba, duro abajo), pues no se, como para hacerse un carajillo a ver qué tal sale, ¿no?.

En Edimburgo no recuerdo haber visto casi ningún grafiti de esos que “decoran” nuestras calles, en cambio, en Glasgow, la cosa cambia. Ahí los grafitis y a son de otro nive. Son verdaderas obras de arte, por lo que si te das un garbeo por sus calles puedes visitar un museo al aire libre en cuanto a pinturas se refiere. Sólo pude hacer la foto de uno de ellos, pero si buscáis por google veréis las maravillas que pueden hacer con unos sprays de pintura cuanto se tienen ganas de hacer las cosas bien.
Otra cosa que llama la atención de los escoceses es el concepto que tienen de los cementerios. Aquí son espacios cerrados en los que sólo se puede ir a determinadas horas del día y donde incluso en algunos no se permite hacer fotos a menos que tengas de un permiso que suele expedir el ayuntamiento (otra cosa es que se respete esta norma). En cambio en Escocia, los cementerios están abiertos 24 horas al día y la gente, sobre todo los turistas, pasean por ellos y hacen / hacemos fotos sin que nadie diga ni mu. Es más, las casas están pegadas físicamente a algunos panteones, con lo que vete tú a saber si estás durmiendo encima de una tumba. Pero oye, que tampoco pasa nada, que los muertos son buena gente y silenciosa.

Cementerio de Parish Church of St. Cuthbert
Cementerio de Parish Church of St. Cuthbert

Visité varios cementerios mientras estuve ahí y sólo hubo una zona cerrada a todo el mundo. Eso fue en el cementerio de Greyfriars y donde se cerró una parte del cementerio a cal y canto porque dicen que ahí ocurrían cosas extrañas y que quien entraba ahí duraba dos telediarios sin anuncios que son más cortos. Visto el resultado, cortaron por lo sano y cerraron con llave el acceso a esa zona. Por lo demás, es un cementerio en el que podemos encontrar lápidas del siglo XVII hasta nuestros días. Algunas están bien conservadas y otras necesitarían una reconstrucción en toda regla. En todos estos años han sido enterradas unas 250.000 personas.

No tienen la costumbre de enterrar en nichos, sino todo el mundo va bajo tierra, con lo que esos cementerios suelen ocupar una buena cantidad de terreno en el centro de la ciudad.

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Cementerio de Greyfriars

Y como los cementerios son algo socialmente absorbido en cuanto a su apertura al público, se organizan paseos nocturnos en los que se explican anécdotas e historias ciertas (o no) de lo ocurrido, como que hubo unos años en los que se desenterraban a los muertos para llevarlos a las facultades de medicina y eso dio lugar a que cuando se enterraba a alguien que se lo podía permitir, se ponía encima una reja que era vigilada por los familiares del finado hasta pasados cinco o seis días, tras los cuales el cuerpo ya no era útil para el estudio de los galenos.

O que en el caso del cementerio de Greyfriars se enterró un perro muy fiel a su dueño que, tras morir este, el perro visitaba su tumba hasta que murió 16 años más tarde. Y por esa fidelidad el cementerio lleva su nombre y porque puede ser más bucólicamente atractivo para los turistas.

En cuanto a la religión los británicos lo tienen muy claro: ¿quieres religión?, pues te la pagas, que el dinero del Estado tiene otro destino que no es financiar la fe de nadie. Con esto tenemos que los curas se tienen que espavilar para no perder su parroquia, quien aporta el dinero suficiente para mantener la iglesia a la que acude a misa, pero cuando esto no ocurre, pues la cierran y dedican ese espacio a otros menesteres, alquilándolo para montar exposiciones o incluso para hacer un bar en el que todo el mundo puede entrar como en cualquier otro bar.

The hub - Edimburg
The hub – Edimburg

Delante de nuestro hotel había “the tron”, una iglesia convertido en mercadillo, y cerca del castillo de la ciudad encontramos “The Hub” una construcción de mediados del siglo XIX que aunque nunca se consagró como iglesia, fue utilizada por la Iglesia Escocesa hasta 1929. A partir de entonces fue utilizada por diferentes congregaciones hasta que en los años 80 cayó en desuso y en 1999 se transformó en un centro de actividades diversas, desde un bar hasta organizar una exposición, una fiesta, una boda… lo que cualquiera quiera hacer si quiere pagarlo. (quizá aquí deberíamos ir tomando nota).

La Catedral de Edimburgo, St. Giles, no es una de esas construcciones megalíticas típicas de muchas catedrales, es más bien modesta y llama la atención que algunos ventanales están construidos de modo que no coincide la cúspide de la ventana con el nervio del techo, lo que da a entender que esa gente no tenía muy claro algunos cálculos de arquitectura, y el techo de la entrada a la catedral es de un llamativo color azul eléctrico, lo cual contrasta con el fondo de la seo que es de color piedra.

La verdad es que Escocia bien merece un viaje.

Si os apetece ver algunas fotos más, aquí las pongo. Espero que os gusten

Salut!

El perro Bobby Greysfriars y la taberna que lleva su nombre
El perro Bobby Greysfriars y la taberna que lleva su nombre

 

Cementerio de Greysfriars
Cementerio de Greysfriars. ¿lápidas haciendo cola?

 

Órgano de la catedral de St. Giles
Órgano de la catedral de St. Giles

 

Techo de la catedral de St. Giles
Techo de la catedral de St. Giles

 

Curiosa forma de dejar la bicicleta
Curiosa forma de dejar la bicicleta

 

Cabinas en Edimburg
Cabinas en Edimburg

 

Grafitis en Glasgow (y estos son los "feos")
Grafitis en Glasgow (y estos son los “feos”)

 

Cafetería en el interior de "The Hub"
Cafetería en el interior de “The Hub”

 

 

Salchichas que sólo saben a especias. Lo mejor del plato era el puré
Salchichas que sólo saben a especias. Lo mejor del plato era el puré
El famoso "fish and chips". Para eso era mejor haber dejado al pez en paz y las patatas destinarlas al puréos
El famoso “fish and chips”. Para eso era mejor haber dejado al pez en paz y las patatas destinarlas al puré

 

La convivencia entre ciclistas y los otros vehículos  parece perfecta
La convivencia entre ciclistas y los otros vehículos parece perfecta
¿Era esta la bicicleta de 101 dálmatas? ;-)
¿Era esta la bicicleta de 101 dálmatas? 😉

Una respuesta

  1. Hola,

    Realmente Edimburgo vale mucho la pena de visitar, en épocas donde el frío y la lluvia son los protagonistas es cuando uno tiene que venir bien preparado y con muchas capas, no obstante cuando estas todo un invierno te acabas acostumbrando y el frío y la lluvia acaban formando parte de ti y no lo notas. E incluso cuando llevas los calcetines mojados por la lluvia y la humedad… ¿No te das cuenta hasta que llegas a casa!
    Lo que más disfruté cuando estube en Navidades fue el famoso ”Chistmas Market”, situado justo al lado del Scott Monument (Princes Street), montan muchas paradas navideñas (de verano no serán..) con unas luces que destacan y por encima de todo hay muchos espectáculos programados (al cuál no tuve el placer de asistir). También hay que destacar las distintas atracciones feriales que montan que no son especialmente para todos los bolsillos.
    También los fuegos artificiales de noche vieja, justo delante del castillo hay un currado espectáculo de fuegos artificiales, estos se ven por toda la ciudad.

    Y por lo que dices de la comida… Si no sabes muy bien donde vas, acabas siempre en sitios destinados a los turistas (igual que la paella de muchos restaurantes es España no es realmente paella).
    No obstante Edimburgo es una ciudad que vale la pena visitar, a la que recomendaría a todo el mundo (y más en verano para los festivales).

    ¡Muchas gracias por tu post! Me ha gustado leerlo.

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