EL PEQUEÑO COMERCIO: ¿EL ENEMIGO A BATIR?

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Últimamente tengo la sensación de que el papel de comerciantes parece destinado a desaparecer.

No es extraño ver cómo abren comercios y al poco cierran otros. Cómo una tienda que llevaba años en el mercado se va apagando hasta desaparecer para que, inmediatamente, oigamos comentarios como “qué pena que haya cerrado” o “es que aquí cierran todos porque la situación está muy jodida. Los acribillan a impuestos y no pueden aguantar”.

Y en parte tienen razón en este último comentario, pero sólo en parte, y me explico.

Muchos comerciantes acaban echando el cierre porque, sencillamente, los clientes no van a comprar. ¿Por qué?, pues porque encuentran muchas cosas por Internet que, aunque en ocasiones puedan ser más caras, la comodidad de que te lo traigan a casa pesa muchísimo.

En el caso de los servicios, muchas veces se ven obligados a cerrar porque los usuarios contratan a quienes son más económicos porque sencillamente no están dados de alta en autónomos y por ello no pagan ni IVA ni IRPF ni nada de eso, lo que les permite trabajar a precios más bajos y sin declarar ingresos, lo que les facilita ofrecer sus servicios a precios de derribo.

En el caso de los productos tangibles, nos estamos acostumbrando a comprar por Internet porque es más barato y además nos lo traen a casa. O ir a las grandes superficies a comprar lo que tenemos junto a casa porque “es más barato” cuando he comprobado que en muchas ocasiones no es así. He comprobado precios del mismo producto en la tienda del barrio y en grandes superficies y estas suelen ser más caras ¡y hasta un 15%!. Pero como lo juntas con la compra de la semana ni te enteras (por cierto, ¿alguien regatea o pide descuentos a la cajera de un súper? Entonces, ¿por qué se regatea y se piden descuentos al empleado de una tienda de barrio?).

Comprando por internet nos estamos cargando al pequeño comercio porque no puede competir con los precios bajos de lo que se fabrica en China (sí, esos niños que se ven explotados laboralmente en las redes sociales parece que no cuentan cuando compramos por Internet. Sólo nos acordamos de ellos cuando nos tenemos que cagar en la puta madre de ese empresario capitalista que vende esos mismos productos en sus tiendas de aquí con un mejor control de calidad y que nos da una garantía que exigimos cuando toca y que da trabajo a mucha gente de aquí y que por eso es más caro que comprado por Internet).

También se acusa de los cierres de las tiendas a la carga impositiva que tienen que soportar los autónomos. Y no falta razón cuando se habla del abuso impositivo que sufre la extraña raza de emprendedores, otrora llamados “autónomos”.

Pero esa carga impositiva se puede afrontar si la gente compra en esa tienda. El problema viene cuando el usuario compra, además de por Internet, en grandes empresas que tienen sus centrales vete tú a saber dónde para pagar menos impuestos aquí y que sólo nos acordamos de ellas cuando hacen regulación de plantilla y echan a unos cuantos cientos de empleados, situaciones que salvo quienes la sufren en primera persona, olvidamos todos a los cuatro días.

Si el comprador de la calle decide comprar por internet, si contrata trabajos “en B” a quienes no pagan impuestos y que por eso pueden tener precios más bajos (sólo en IVA e IRPF aproximadamente el 41% del precio de la hora se va en impuestos de quienes trabajan legalmente), ¿nos tiene que extrañar que cierren las tiendas del barrio?.

Por lo visto el pequeño comercio es, para mucha gente, el enemigo a batir, el estafador que se gana la vida trabajando honradamente, cosa que no piensan ni de las grandes superficies ni cuando compran por Internet. Pero cuando echa el cierre “oh, que pena. Claro, con los impuestos que pagan….”

Cuando veas cerrar una de esas tiendas, no te lamentes por ello, sino que pregúntate mejor ¿qué has hecho tú como cliente para que no tenga que cerrar?

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