EL PATRIOTISMO, SEA CUAL SEA, ES UN MAL ARGUMENTO

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Sí, el patriotismo ha dejado de ser un sentimiento para pasar a ser un argumento.

Un argumento que carece de otros valores que no sean hacer valer los sentimientos de la gente. Gente que muestra ese sentimiento que para otros son argumentos para conseguir sus objetivos, porque no tiene otras razones para alcanzarlo.

Un argumento que si depende del sentido común, se desmorona, pues hace creerse especial a quienes somos iguales.

Como bien dijo el general Patton, “El patriotismo en el campo de batalla consiste en conseguir que algún desgraciado muera por su país antes de que él consiga que tú mueras por el tuyo”, y hay quien está convirtiendo España en un campo de batalla en el que la política merece todo el juego sucio que haga falta para conseguir los objetivos de quien quiere llegar a lo más alto, cueste lo que cueste. Aunque ponga en riesgo otras vidas que no sea la suya.

Es cierto, el Covid-19 no se está gestando como es debido, igual como está pasando en casi todo el mundo.

Pero con todos los problemas, este gobierno se está enfrentando a una situación en la que nadie se ha encontrado antes. Un enemigo invisible que nos ataca sin que nos demos cuenta, y para evitar males mayores ha sido necesario encerrarnos en casa tanto como ha sido posible y desgraciadamente necesario.

Pero hay quien sólo ve problemas económicos en esta situación y considera que como no tenemos toda la verdad, es necesario derrocar a quien manda para ocupar su lugar quienes no han demostrado más que provocar tensión, enfrentamiento y, por supuesto, patriotismo por encima de todo. Un patriotismo que para ellos no es un sentimiento, sino un argumento.

Se quiere reactivar una economía que ha quedado detenida de forma preocupante para poder salvar vidas. Pero hay gente para quien salvar vidas poca razón tiene de ser si estas no producen.

Y para eso la gente sale, como borregos, a manifestarse para derrocar un gobierno que, simplemente,  no hace lo que la oposición quiere y facilitar así el ascenso a los altares de quienes azuzan las masas. Esas masas patrióticas que usan su patriotismo como su fuese motivo suficiente para exigir nada. Esas gentes que creen que con el cambio de Gobierno el Covid-19 desaparecerá como alma que lleva el diablo. Que creen que quienes nunca han gobernado sabrán qué hacer en estos casos cuando ni en la oposición han demostrado nada que no sea enfrentamiento sin razones de peso.

O si han gobernado, lo han hecho mintiendo, engañando y, como no, privatizando una sanidad privada que habría podido salvar más vidas.

Todos los que salís a la calle exigiendo salir libremente para reactivar la economía, ¿estáis dispuestos a sufrir vosotros mismos la enfermedad, pasar por el hospital, una UVI y no saber si saldréis de esta para mejorar la economía?

Quienes vociferáis que queréis salir para recuperar vuestras vidas, ¿a quien estáis dispuestos a perder de vuestra familia y amistades para conseguirlo?

Porque todos somos muy valientes para exigir, pero ¿estáis dispuestos a ser las víctimas de esas exigencias para que los demás puedan intentar vivir mejor? Y digo “intentar” porque nadie garantiza que la cosa mejore saliendo antes de tiempo, sino más bien todo lo contrario.

Todo tiene un proceso, y la lucha contra un enemigo invisible como un virus es lenta y no tiene garantía alguna de vencer.

Es indudable que retrasar el libre regreso a las calles y a los trabajos nos perjudicará económicamente a muchos, pero no es menos cierto que precipitarnos a ello nos puede costar vidas. ¿estás dispuesto a dar la tuya?

Lo he dicho muchas veces: cuando se piensa con el corazón, es más necesario que nunca hacerlo con la cabeza.

Salut!

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