El negocio de la guerra y la muerte absurda

publicado en: POLITICAMIENTOS | 0

El pasado dia 11 la embajada española en Afganistán sufrió un ataque terrorista en el que murieron dos policías españoles y tres de los terroristas. Una desgracia que nos afecta a todos aquellos que no creemos en la violencia como salida a las situaciones en las que nos están metiendo los políticos de uno y otro lado del Atlántico.

Pero dejando de lado el sentimiento que a cada uno nos pueda llegar por esta situación no podemos dejar de pensar en que lo que está pasando es quizá lo mismo que ocurriría aquí si nos hubiesen invadido militarmente ejércitos extranjeros con la intención de imponer un tipo de gobierno que ni encaje con la historia de nuestra sociedad ni tampoco se les haya solicitado, y es que es muy fácil decidir qué gobierno debe imperar en un territorio ajeno al nuestro siempre y cuando no ocurra lo contrario, es decir, que vengan otros a enseñarnos cómo nos tenemos que gobernar.

Y todas esas “buenas intenciones” para instaurar un gobierno demócrata ahí donde nadie lo ha pedido, casualmente, siempre se trata de lugares estratégicos para controlar una zona del planeta, para tomar posesión de sus recursos naturales principalmente si son energéticos o ambas cosas a la vez. No recuerdo que se hayan organizado “movimientos de liberación” en países donde los recursos energéticos dependan de terceros. Los movimientos militares en los que se ataca y destruye una sociedad tienen lugar ahí donde se puede sacar un pastizal importante y siempre que se pueda chulear de ser más fuertes, porque si la realidad fuese que la preocupación es el respeto de los DD.HH. hace lustros que los EE.UU., principal impulsor de estas guerras, estaría liándose a tortas con China o con Corea del Norte o con sus archiamigos de Arabia Saudita, países donde lo que nosotros consideramos Derechos Humanos parecen hacer de alfombra y papel higiénico indistintamente. Pero de entrada en esos países existen unos ejércitos que hacen palidecer a los mismísimos todopoderosos Estados Unidos, incluso el de Corea del Norte. Claro que en estos casos una superpotencia megaguay como son los EE.UU. miran pa Cuenca, lo que tiene a los conquenses acojonaos por si les da por invadirlos en pro de la democracia norteamericana, cosa que difícilmente ocurrirá si es que en esas tierras no se descubre algún yacimiento petrolífero.

Entonces, ¿de quien es culpa la barbarie de los actos terroristas?. ¿De quien los ejecuta o de quien los provoca?.

Quien los ejecuta en paises en guerra, por lo general, suele estar hasta el gorro de la situación que le ha venido encima y le importa un rábano su vida siendo musulmán y mucho menos la de sus víctimas, las cuales espera sean de lo más numerosas posibles para así dar más notariedad a su venganza. ¿Consecuencia?: inocentes que estaban en el lugar equivocado en el peor momento saltan por los aires, reciben un balazo o cualquier desgracia que termina con su vida, ya sea acabando con ella o dejándole unas secuelas en muchas ocasiones peores que la muerte.

Quien los provoca, sencillamente, saca tajada porque:
– Al aumentar la sensación de inseguridad del lugar del atentado les ofrece más protección que tiene un alto precio y que, además, sólo él puede garantizar (sería interesante saber qué entienden por “garantizar”, claro).
– Venden armas y municiones para que la gente se pueda defender, lo que les garantiza, en este caso sí, pingües beneficios.
– Al destruir el entorno se aseguran poder ofrecer medios de reconstrucción que, a su vez, les vuelven a aumentar el tamaño de sus cuentas corrientes.

Y si para ello tienen que morir sus compatriotas convencidos de que están haciendo lo correcto, pues que mueran. Total, no dejan de ser peones de los que poco importa prescindir, ya sea porque les han convencido de que su papel en esta situación es clave para la paz mundial (menuda gilipollez, la verdad) como porque les tienen que pagar una pasta al mes por su mercenario trabajo y si se mueren, pues todo eso que se ahorran.

Con estas previsiones de ingresos poco les importa desencadenar una guerra incluso si para ello tienen que simular atentados en su propio país, como PARECE ser que ocurrió con las torres gemelas, por ejemplo. (chafardeando por internet hay videos a patadas que tratan de este asunto).

Como podemos ver, los beneficios sólo caen sobre un lado o mejor dicho, sobre un nivel, los de arriba. Y eso porque por encima de las víctimas y ejecutores siempre hay alguien por encima que saca tajada. Unos económica, y otros por vanidad como suele ocurrir con los dirigentes de esas guerrillas que cuanto más mal hacen, más se les respeta en su entorno. Y curiosamente, esos de ahí arriba difícilmente se manchan las manos de sangre ni tienen que recoger trozos humanos de un atentado y mucho menos se juegan el cuello. Siempre habrá desesperados o fanáticos con quienes contar para que se sacrifiquen en pro de una libertad que alguien les hizo perder y que ahora les garantizan a cambio de su vida.

Triste, pero no creo desviarme demasiado de la realidad.

Dejar una opinión