¿Cuánto dice que cuesta?

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La verdad es que a veces nos encontramos en situaciones en las que esperamos que aparezcan después con un ramo de rosas y una cámara oculta, porque si no nos lo tomamos con humor podríamos rayar la misma falta de respeto que demuestran quienes no respetan el trabajo ajeno.

Cuando una persona precisa de un profesional en alguna materia suele acudir a empresas en las que sabe que le darán el servicio que precisa, pues si lo supiera hacer el mismo interesado lo haría él mismo.

Pero la cuestión empieza cuando se decide contratar servicios externos y luego uno se encuentra con la sorpresa de turno: ¿cómo que te tengo que pagar eso?.

Y sí, señores, esta situación es más habitual de lo que uno querría, y es que por lo visto la gente debe trabajar gratis o a precios irrisorios.

Quienes acuden a los servicios de profesionales para solucionar un problema que tiene el propio usuario deberían se conscientes que esos servicios no son gratuitos, no ponen ONG en su cartel de presentación y además te entregan unas tarifas que debes aceptar para que se pueda llevar a cabo el servicio que se precisa. Si firmas esas tarifas, entonces no tienes razón de quejarte en cuanto al precio del servicio prestado.

Lo que no es de recibo es que este profesional dedique su tiempo, recursos y conocimientos en averiguar qué le ocurre a lo que no funciona y que cuando lo averigüe no lo pueda reparar porque el cliente decide llevarlo al fabricante por estar en garantia y así ahorrarse el importe de la reparación, el usuario se sorprenda de que le cobre una hora de trabajo en concepto de revisión del equipo.

Averiguar qué le ocurría no sólo ha llevado un tiempo dedicado al equipo averiado, sino que también ha precisado de los conocimientos específicos del técnico, de unos recursos en material que se han tenido que pagar y el mantenimiento de un local que debe estar abierto para que cuando esta persona lo necesite tenga ese lugar al que acudir a pedir ayuda.

Y eso no es gratis. Los técnicos, además, cobramos no tan solo por los recursos que tenemos y que nos han costado tiempo y dinero, sino que cobramos principalmente por lo que sabemos, y no aceptar que eso se cobre es, sencillamente, una falta de respeto.

Hace ya años, cuando aun trabajábamos con las pesetas, vinieron unos chavales a preguntarme qué cobraba por formatear e instalar el sistema operativo a un ordenador. Le respondí que cobrábamos 3.500 pts (21,03 €) / hora IVA incluido, y aun no había terminado de responder uno de los chavales suelta un “¡hala, que caro!”, síntoma de mala educación por su parte, tanto por no dejar terminar lo que le estaba respondiendo como por discutir lo que cobraba por mi trabajo.

Le pregunté que cual era el importe que él consideraba correcto para ese trabajo y me respondió que “como mucho y muy bien pagado, 1.000 pelas (6,00 €) la hora”, y la verdad es que fue un precio que me interesó, por lo que le propuse que viniese al día siguiente que lo iba a contratar fijo en el taller cobrando a 1.000 pts / hora por ordenador reparado con un máximo de 3 horas por reparación aunque el caso le llevara 6 horas, tal como teníamos el límite de facturación establecido en el taller.

El chaval se quedó mudo y me preguntó el motivo de mi oferta y le expliqué que le pagaría, utilizando sus mismas palabras, esas muy muy bien pagadas 1.000 pesetas / hora brutas, claro, ya que de ese importe se debía descontar el IVA, aunque yo cobraría las 3.500 pesetas al cliente, pues debía amortizar ordenadores, local, electricidad, agua, seguros… Acto seguido el amigo que preguntaba el precio se echó a reir y le dijo a su amigo “pero mira que eres tonto, tio”, y se largaron mientras el chaval que discutió el precio no entendía cómo pudo meter la pata de aquella manera. Obviamente, no se presentó al taller ni trajeron el ordenador para reparar aunque estaba dispuesto a contratarlo por ese precio y que de esas 1.000 pesetas /hora se formara como técnico informático y estuviese al día de los avances que pueda haber en el sector que tocamos.

Y es que una cosa es pagar un dinero y la otra muy distinta cobrarlo.

Cuando alguien discute un precio en una tienda, ¿hace lo mismo en una gran superficie?, ¿le pide descuento al panadero al que le compra el pan?, ¿discute el precio de un medicamento en la farmacia?, ¿pide una rebaja en la hora de taller de quien le arregla el coche?. ¿Verdad que no?, entonces, ¿porqué faltas el respeto al trabajo de la tienda de tu barrio discutiendo el precio que previamente has aceptado para llevar a cabo el servicio técnico?.

Siempre que he ido al taller y he preguntado el precio de la reparación, si me ha interesado he dejado el coche y si no, me lo he llevado a otro taler, pero nunca he discutido el precio que me han ofrecido.

En la necesidad de llamar a un lampista nunca he discutido el importe de la factura, y eso que el lampista no te suele dar una tarifa ni te hace firmar nada antes de empezar la reparación, sencillamente empieza a trabajar y luego te cobra. Y su factura va a misa.

Si quieres que respeten tu trabajo, empieza por respetar el de los demás. Y si no te gusta, sólo tienes que acudir a otro centro antes de hacer trabajar en balde a los demás.

Salut!

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