Cuando no estamos acostumbrados a una imagen las cosas cambian

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Es interesante ver cómo una fotografía revuelve las tripas de la gente acostumbrada como está a ver las desgracias que acontecen por todo el mundo.

Me refiero a la fotografía de Aylan, el chiquillo que murió ahogado en una playa de Turquía cuando se hundió la embarcación con la que su familia pretendía llegar a Grecia.

Día a día estamos viendo en todos los medios, de un modo u otro imágenes realmente aterradoras en las que personas matan a personas, ponen bombas, arrancan vidas… y eso es día tras día. Y entre esas imágenes también nos cuelan las de niños soldados, niñas obligadas a prostituirse, niños y niñas esclavizados a manos de gente sin el más mínimo escrúpulo… y todo eso lo hemos llegado a tener interiorizado de forma que nos llega a pasar desapercibido, como si no ocurriera nada.

Vemos las imágenes, nos revuelve el estómago un par o tres de segundos y luego nos entretenemos con cualquier otra cosa.

Hemos visto en las redes movimientos enormes contra las corridas de toros, contra el toro de la Vega, contra la matanza de delfines, contra la caza de ballenas, contra el maltrato animal en general. Y todos nos subimos al carro de firmar por esas causas tan nobles como la que más, sobre todo si no nos cuestan dinero.

Si los comparamos con los anteriores pocos movimientos vemos para evitar las guerras, para evitar que los países de los que salen los inmigrantes que llegan a Europa tengan que venir a mejorar sus condiciones de vida, para que cierren los prostíbulos infantiles en los países donde esto está a la orden del día…

Pero este caso ha sido especial, ha calado más hondo que ninguna otra fotografía que yo recuerde.

A raiz de esa fotografía captada por la fotógrafa turca Nilufer Demir a la gente parece que se le ha ablandado el corazón. No se si porque de todas las salvajadas que vemos en los medios nunca hemos visto un niño inmigrante ahogado en la playa de la que acababa de partir o porque las propias televisiones y prensa se han cebado en esa imagen más que en ninguna otra.

Lo que ha quedado claro es que por más buena que sea la fotografía, si no cuenta con el soporte de los medios de comunicación queda en nada. Y eso se puede interpretar del modo contrario, es decir, que si tienes una buena foto pero los medios no se interesan por ella es como si no la hubieses hecho. Y eso nos lleva a que si hemos visto esa imagen es porque, sencillamente, vende porque es distinta a todas las que se han mostrado hasta la fecha. Creo que nunca se ha publicado una imagen de un niño de tres años ahogado por intentar emigrar con su familia con la intención de mejorar su vida, huyendo de la guerra. Por eso nos ha llamado la atención.

Sea como sea, es una vergüenza que la sociedad se haya acostumbrado a ver las desgracias ajenas y cuando algo sale de su “memoria de los horrores” se levante de la silla para intentar hacer algo hasta que asimile esa imagen y la próxima vez le pase desapercibida como tantas otras.

En eso nos convertimos la raza humana cuando crecemos. En seres insensibles que sólo se sorprende cuando se supera la desgracia a la que está acostumbrado, y así no podremos nunca mejorar esta sociedad que se está yendo a la mierda a pasos agigantados.

Salut!

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