¿CAMBIAMOS LA LEYES?

Bueno, ya han pasado 24 horas desde que “explotó” el Estado contra el referendum, mandando Guardias Civiles como para invadir media Europa hasta el extremo de que no hay hospedaje suficiente para ellos y ha
sido necesario disponer de barcos para darles alojamiento.

El momento inicial es de euforia, tanto por los que imponen la Ley que saben que al cumplirla nadie les podrá decir legalmente nada, hasta quienes sufren las consecuencias, que al ver la situación se rebelan
contra el opresor que no hace más que cumplir la Ley que, justa o injusta, es lo que manda nos guste o no.

Todos los que defendemos el derecho a votar, independientemente de lo que votaríamos, exigimos que se permita el referendum y que si para eso se tiene que cambiar la Consitutición, que se haga como sea
necesario.

Claro que quienes abogamos por estos cambios para adaptarlos a la situación actual lo vemos desde la perspectiva de que necesitamos una Ley que nos beneficie, que nos protejan y que nos permita hacer lo que en
la actualidad se nos prohibe.

Pero, ¿alguien de nosotros ha pensado en que este cambio perjudicaría a terceros?, y es que todos los cambios benefician a unos y perjudican a otros. Seguro que si mañana se aprobase una Ley que obligase por
ejemplo a los aragoneses a entregar el 50% de su producción a Extremadura los afectados se negarían y exigirían la derogación de esa ley porque les perjudicaría, aunque los destinatarios de esa producción
estarían encantados con la Ley, porque como he dicho todas las leyes benefician a unos y perjudican a otros aunque la intención sea que los primeros sean más que los segundos.

Nosotros, los pro-referendum nos llenamos la boca exigiendo esos cambios necesarios para poder llevar a cabo ese ejercicio tan democrático como consultar al pueblo mediante las urnas, pero poco pensamos en que
esos cambios que se deberían ajustar a nuestras necesidades puede significar retirárselas a otras personas, porque las leyes siempre benefician a unos y perjudican a otros.

En estos tendríamos que beneficiando a 7MM de catalanes, quizá y sólo quizá, se perjudicaría a 40MM de españoles, y el gobierno tiene como misión beneficiar al máximo de ciudadanos del país, lo cual no gusta a
parte de esos 7MM de catalanes.

Vale, muchos de los catalanes dirán que ese no es su problema, que “els donin pel cul” a los 40MM de españoles, pero no se da cuenta de que los demás opinarán lo mismo pues, como nosotros, quieren la Ley que
más les beneficie, por lo que ese “que els donin pel cul” se traducirá por “que les den por el culo” porque si beneficia a los ahora perjudicados, se cambiarán las tornas y los beneficiados dejarán de serlo.

Si dejamos de lado el ser tan viscerales en nuestros argumentos, veremos que el motivo de no legalizar el referendum es porque el resultado podría perjudicar a más gente que no a la que beneficiaría. Si
Cataluña se independizara en un referendum autorizado, la teoría expuesta por los políticos y movimientos independentistas dice que los catalanes viviríamos mejor y que los españoles entrarían en crisis por no
recibir lo que recibe de Cataluña en cuanto a impuestos se refiere, además del problema logístico de comunicaciones por carretera con Europa al no poder entrar por Perpignan. Es decir, que beneficiaría a 7MM y
perjudicaría a 40MM, cosa que el Estado como es lógico no puede permitir.

Si por otro lado en esa independencia resultaran fracasados los planes de mejora para Cataluña y España tuviese los mismos problemas antes mencionados por no recibir esos impuestos, la decisión perjudicaría a 47MM de personas, los españoles por no recibir los impuestos de los catalanes, y estos por no haber sido viable el sueño de la república catalana. Y aquí si que perdemos todos sin poder exigir responsabilidades a los culpables.

Entonces, ¿se debe modificar la Constitución para permitir un referendum de independencia? Pues no lo creo, el gobierno tiene suficiente mayoría para autorizarlo sin necesidad de cambiar la Carta Magna.

Si se consulta al pueblo y sale “SÍ” se debe empezar una separación amistosa en la que las dos partes ganemos. No entra en juego que uno gane y el otro pierda porque ahí no llegamos a ninguna parte. El objetivo
es ganar-ganar, porque si uno de los dos pierde, las consecuencias acabarán pasando factura al ganador. Y no queremo eso.

Si sale “NO” entonces el sueño de la independencia catalana debe ir al baúl de los recuerdos como una anécdota en nuestra historia, pero eso también lo deben hacer los ganadores del “NO”, pues de no hacerlo la
venganza sobre los perderdores no es plato de buen gusto.

Si se llegara a una independencia pactada, los acuerdos a los que llegaran las partes nos deberían beneficiar a todos y sería la única solución factible a una Cataluña independiente, y eso es ya voluntad
política. Y ya sabemos que la política es como echar un polvo, que dos no follan si uno no se desnuda.

Todo lo que no sea una independencia de mutuo acuerdo es como probar la profundidad de un rio con los dos pies a la vez.

Salut!

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