BLACK FRIDAY Y OTRAS CAMPAÑAS PARA LOS FELICES (PRESUNTOS) ENGAÑADOS   

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Últimamente estamos asistiendo a una pseudo locura llamada Black Friday que algunos se han atrevido a llevar más allá cambiando de “Friday” a “week” para poderse sacar de encima lo que no venden normalmente.

Pero claro, uno se pregunta el porqué de tanta ansia de “black loquesea” cuando han tenido todo un año para hacer las compras como cualquier hijo de vecino.

Muchos argumentan que ese día los precios están rebajadísimos, tanto que es de tontos no aprovecharse de esas rebajas.

Otros disfrutan del simple hecho de ir a comprar como cual sardina en lata y disfrutar de los efluvios corporales de quienes, no cabiendo en el espacio físico disponible, se apretujan con la esperanza de, codazo a codazo, poder acceder a ese ansiado producto imprescindible para su felicidad existencial y que habría podido comprar casi al mismo precio unos días antes y ahorrándose las molestias de ese día.

Y otros, en cambio, analizan el tema, ven de que va el asunto y siguen con su rutina diaria.

Hace cosa de uno o dos años, comentando con un amigo el tema de los horarios comerciales y campañas comerciales varias que se extienden a horarios fuera de mucha lógica, me respondía que era necesaria esa amplitud de horarios porque “los hábitos del consumidor han cambiado”… y no es cierto. El hábito del consumidor no ha cambiado, sino que lo han cambiado los que sacan más provecho y ahí reside una gran diferencia.

Cuando era pequeño recuerdo que íbamos a comprar el sábado recordando que “era día de pan doble” es decir, que se compraba el pan para el sábado y el domingo porque este último día las panaderías tenían cerrado. De este modo los panaderos podían pasar el día en familia, cosa que hoy en día se exige como algo que ha quedado en el olvido gracias a esos horarios descabellados.

Hay tiendas que cierran a las 11 de la noche o incluso más tarde, principalmente regentadas por pakistaníes, indios y marroquíes, para que podamos ir a comprar ese último descuido de la compra diaria.

En época de rebajas era habitual ver cómo las tiendas extendían un poco más su horario, pero los domingos se cerraba para que la gente pudiese descansar y tener, aunque sea mínimamente, un poco de vida social y familiar.

Y ahora, después de que muchas tiendas abran en horarios que hace un par de décadas podríamos considerar abusivos, como si todo esto no fuese poco, se nos descuelgan con el Black Friday para vender las cosas a precio muy rebajado. Como si durante el año no viésemos esas campañas de “precios sin IVA” o, sencillamente, rebajas.

He podido comprobar cómo se toma el pelo a la gente con todas esas rebajas “especialísimas” de forma descarada, pero de forma que el cliente se crea que compra a precio de ganga cuando lo que hace es adquirir las cosas a precio normal, y es que no es extraño ver ese comercio que vende un producto a 10 euros y el día del Black Friday de marras lo ofrezca como “20 euros rebajado a 10 euros por, precisamente, el Black Friday”.

O esa compra por Internet que hace una semana costaba 5 euros… y hoy cuesta esos mismos 5 euros “rebajados al 50% porque antes costaba 10 euros”. Y la gente seguramente habrá destrozado el ratón para ser el primero en clicar en esa mega oferta, no fuera que se quedaran sin.

Hoy he visto una oferta de coches que hace dos semanas, con los descuentos de la marca, pasaba de 15.000 euros a poco más de 10.000… que es el precio que se oferta a bombo y platillo por la “black week” porque no tienen bastante con un viernes especial, sino que necesitan toda la semana y algunos ¡hasta dos! Y si alguien compra, pues contento que se va porque habrá adquirido un vehículo de oferta al mismo precio que le habría costado hace dos semanas, pero como lo han comprado en “black week”… es que son muy listos, ya se sabe.

Gracias a estas campañas de liquidación a precios presuntamente rebajados, hacemos que mucha gente que podría estar en sus casas con la familia y amigos está trabajando para que alguien se crea que está comprando gangas.

Esos trabajadores que por lo general cobran una miseria son las víctimas de que nos hayan cambiado los hábitos de consumo.

¿Y quién se beneficia de todo esto?, pues las grandes cadenas que por cuatro duros tienen a los empleados trabajando un “black Friday” para que el caprichoso de turno vaya de compras como si no hubiese tenido en toda la semana para hacerlo.

Se benefician empresas que posiblemente usen esas artimañas de ingeniería contable para, dentro de la legalidad, ahorrarse unos milloncejos en impuestos que podrían ir en beneficio de la sociedad.

Pero los que no sacan provecho son los empleados que dejan de tener un poco de vida familiar y social para que las grandes empresas nos tomen el pelo con unas presuntas rebajas.

Los que pierden son esos consumidores que viendo la palabra “rebajas” (o black Friday o black week o como lo queramos llamar) ceden a una compra compulsiva de cosas que posiblemente en un mes estén guardadas en un cajón o en “wallapop” intentando recuperar algo de lo perdido por esa falsa rebaja.

No quiero decir con ello que no existan productos realmente rebajados esos días. Suelen ser los que no se sacan de encima y que si no es a bajo precio se los tendrían que comer con patatas, pero salvo estas situaciones y visto lo que he visto personalmente, lo de esos días de descuentos especiales son, simplemente, una tomadura de pelo.

Pero ya se sabe, ojos que no ven… tangada que te calzan.

Salut!

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